Una persona creativa se define como alguien capaz de procesar de manera innovadora la información disponible a través de los datos sensoriales habituales para todos. Son personas con la capacidad para transformar su entorno trascendiendo la simple materia prima.


Betty Edwards

Con la excepción de los seres humanos y posiblemente de los pájaros cantores, los grandes simios y algunos otros mamíferos, los hemisferios cerebrales (las dos mitades del cerebro) de las criaturas terrestres son esencialmente iguales o simétricos, tanto en apariencia como en función. Los hemisferios cerebrales, y los de las excepciones mencionadas anteriormente, se desarrollan de forma asimétrica en términos de sus funciones. El efecto externo más notable de la asimetría del cerebro humano es la lateralidad, que parece ser exclusiva de los seres humanos y posiblemente de los chimpancés.

¿Que es la lateralidad?

Una forma útil de comprender la lateralidad es reconocer que la preferencia manual es la señal externa más visible de cómo está organizado el cerebro de un individuo. Existen otras señales externas: la preferencia visual (todos tienen un ojo dominante, que se usa para mirar a lo largo de un borde, por ejemplo) y la preferencia por los pies (el pie que se usa para bajar de la cama o para comenzar un paso de baile). La preferencia natural es tan fuerte que los esfuerzos para cambiar a los zurdos a menudo en ambidextria: las personas son forzadas bajo presión (incluso al castigo) y aprendían a usar la mano derecha para escribir, pero continuaban usando la izquierda para todo lo demás.

Existen diferencias importantes entre zurdos y diestros. Los zurdos generalmente están menos lateralizados que los diestros. La lateralización se refiere al grado en que funciones específicas son realizadas casi exclusivamente por un hemisferio. Por ejemplo, los zurdos procesan el lenguaje en ambos hemisferios con mayor frecuencia y procesan la información espacial en ambos hemisferios que los diestros. Específicamente, el lenguaje está mediado en el hemisferio izquierdo en el 90 por ciento de los diestros y en el 70 por ciento de los zurdos.

Debido a que el habla y el lenguaje son capacidades humanas de vital importancia, los científicos del siglo XIX denominaron al hemisferio izquierdo hemisferio «dominante», «principal» o «mayor».
Al hemisferio derecho, los científicos lo denominaron hemisferio «subordinado» o «menor»

A lo largo de la historia de la humanidad, términos con connotaciones de bueno para la mano dominante y con connotaciones de malo para la mano no dominante aparecen en la mayoría de los idiomas del mundo. Por ejemplo, la palabra latina para izquierda es siniestra, que significa «malo», «siniestro», «traicionero» y la palabra latina para derecha es dexter, de la cual proviene nuestra palabra «destreza», que significa «habilidad» o «destreza»

La omnipresente conspiración contra la mano izquierda refleja el miedo del hombre a lo que la izquierda ha llegado a representar: el «otro», lo femenino, lo oscuro, lo desconocido, lo irracional, lo débil, lo primitivo, el niño interior. No importa cuánta educación hayamos tenido, no importa cuán verbales o dominantes seamos, no importa cuán intelectuales, lógicos u organizados seamos, aún tenemos ese «otro lado» dentro.
Lucia Capacchione

Como parte la sociedad, se nos ha enseña a valorar más el yo «civilizado», racional y adulto, el dominante (el derecho). Despreciamos las cualidades del «otro lado»: lo intuitivo, lo emocional, lo artístico, lo poético, lo infantil y lo irracional.

Cuando logramos comunicarnos por medio del arte con nuestra mano no dominante nos escuchamos a nosotros mismos, a una parte olvidada, escondida de nuestro ser interior.

Basado en Betty Edwards «The New Drawing on the Right Side of the Brain” y Lucia Capacchione «The Power of Your Other Hand”.

Infografia mano no dominante